Investigadora de la UAQ estudia la relación existente entre la voz, la letra y el psicoanálisis

·         Analiza cómo en el ser humano se asimila la noción de la letra y qué efectos tiene en la instancia inconsciente.

 

La Dra. Araceli Colín Cabrera, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro, lleva a cabo el proyecto de investigación “La voz, la letra y el psicoanálisis”, a partir del cual es

tudia los antecedentes que tiene la noción de la letra en psicoanálisis, a fin de comprender aspectos propios del ejercicio clínico del psicoanálisis y de realizar una aproximación distinta a los problemas de lectoescritura.

 

La investigadora indicó que la trascendencia de este proyecto reside en las consecuencias que puede tener en los modos de intervención de la clínica analítica con adultos o con niños y aún para intervenir en otro tipo de circunstancias como la atención hospitalaria o, bien, ante perturbaciones que alcanzan el ámbito educativo.

 

Explicó que para el psicoanálisis la letra y la voz se relacionan con la lectura, pues antes que leer grafías el infante lee contextos de los mensajes de sus padres y escucha la voz, de cada uno, en sus demandas; tanto lo explícito como lo implícito y lo que está a medio decir: “El niño cuando empieza a leer va a realizar una actividad que por primera vez desafía la autoridad de los padres, en el sentido de que va a prescindir de lo que ellos le digan para poder encontrar por sí mismo muchas cosas y respuestas”.

 

Señaló que como parte de esta investigación lleva a cabo un acercamiento exploratorio para conocer, mediante entrevistas, las opiniones que al respecto tienen los papás y maestros; de igual forma, trabaja con los niños a partir de ejercicios con sus nombres propios, apoyándose de las aportaciones que en este sentido ha hecho la socióloga Irena Majchrzak, para entender los problemas de comprensión lectora y así, posteriormente, en otra investigación profundizar en lo que puede agregar el psicoanálisis a esta cuestión.

 

Aseguró que “las aportaciones psicoanalíticas estudian cómo se inserta la letra en el ser hablante y qué efectos tiene a nivel inconsciente desde que el ser humano es un bebé, en relación con la fantasía y con su nombre propio. La letra es portadora de la historia familiar”; por ello, para este proyecto también ha llevado a cabo una revisión de los trabajos de Sigmund Freud y Jacques Lacan.

 

Consideró que “la voz es muy importante en la constitución humana porque aun cuando no se haya nacido, ya se la escucha dentro del vientre. Es un fenómeno humano muy importante que es decisivo por los efectos de resonancia que va a tener, no sólo en el sentido mecánico, sino también a nivel subjetivo. Por ejemplo, cuando un enamorado dice unas palabras muy bellas, éstas se quedan resonando aunque físicamente el enamorado ya no esté ahí y se quedan presentes como un recuerdo”.

 

Por ello, indicó que ese efecto es justo el que interesa al psicoanálisis: el impacto que se tiene cuando esa voz se interioriza, porque de no hacerse esa interiorización no podría aprenderse ninguna lengua; aunado al hecho de que la voz funciona también como un molde que tiene efectos incluso en el “cuerpo imaginario”. Es decir, “las palabras que se le dicen a una persona pueden encarnarse en ella, por ejemplo, si a un niño se le dicen palabras amables u hostiles, él se creerá con esas características y se comportará de ese modo”.

 

La profesora aseguró que esto ha sido estudiado por los psicoanalistas, uno de los primeros en advertirlo fue Freud y luego Lacan; este último autor profundizó en dicho asunto de tal manera que lo transformó en un concepto y a raíz de sus aportaciones “se ha visto la estrecha relación que hay entre la voz, la letra y la palabra porque la voz es una bisagra que une el lenguaje con el cuerpo”.

 

En el caso de los trabajos realizados con el nombre propio, agregó que éste “nos da un lugar en el discurso y cada ser humano subjetiva su nombre de un modo muy particular, e incorpora también ciertas letras de su apellido. Las letras de nuestro nombre propio cifran la sexualidad de nuestros padres, su pasión, amor y cifran la muerte, porque finalmente heredamos el nombre o las sílabas de algún ancestro, en ese sentido es, como si con la letra que portamos, se hiciera una selección de las historias que han llevado ese nombre, además de que nuestra historia estará asociada a nuestro nombre después de la muerte”.

 

Manifestó que éste es el largo camino que realiza un ser humano para recoger los pedidos inconscientes de sus padres, cifrados en las letras de su nombre y en los mensajes que le han dirigido sobre todo en su infancia y adolescencia, para transformarse en un ser hablante, con deseos que es único e irrepetible.

 

Aseguró que estos aspectos también cobran relevancia en el momento en que un niño está aprendiendo a leer y a escribir y resulta importante tanto a nivel cognitivo –cómo se genera la apropiación de la lectoescritura–, así como en un plano inconsciente que abre vías para la subjetivación.

 

La profesora universitaria tiene una formación profesional como psicóloga clínica y estudios sobre psicoanálisis. Es doctora en Antropología y durante su trayectoria ha publicado como autora y coautora de diversos libros y artículos científicos.